El retroceso del glaciar Trift en Suiza dejó al descubierto los restos de dos alpinistas belgas desaparecidos en 1992. Pruebas de ADN confirmaron sus identidades, cerrando un misterio de 34 años impulsado por el calentamiento global.

​Las montañas resguardan secretos que a veces tardan décadas en salir a la luz. Desde nuestra redacción en la Quebrada sabemos del respeto que imponen las alturas, y esta vez, fue el calentamiento global y el acelerado retroceso de los glaciares en Europa los encargados de resolver un enigma que llevaba 34 años sin respuestas en los Alpes suizos.​

Semanas atrás, un excursionista que recorría la zona del glaciar de Trift, en el cantón suizo de Valais, se topó con una escena que paralizó su marcha: restos humanos emergían de una zona que hasta hace poco era inaccesible por las capas de hielo. Tras dar aviso a las autoridades y luego de exhaustivos estudios en el Instituto de Medicina Forense del Hospital de Valais, el cruce genético confirmó la identidad.

​Se trataba de dos alpinistas belgas, de 39 y 41 años, de los cuales no se tenía ningún rastro desde el 4 de septiembre de 1992. Aquel día, ambos montañistas habían partido del refugio con la ilusión de alcanzar la cumbre del monte Weissmies, a más de 4.000 metros de altura. Sin embargo, las adversas condiciones meteorológicas los sorprendieron en el camino. En aquel entonces se desplegaron amplios operativos de búsqueda que solo lograron dar con una mochila. El resto quedó sepultado bajo la nieve.

​El factor climático en las alturas​

Más allá de este hallazgo particular, la noticia internacional pone de manifiesto una consecuencia directa e indiscutible del cambio climático que afecta a las altas cumbres de todo el planeta.​

La Policía de Valais, que lleva un riguroso registro de personas desaparecidas en ríos, lagos y alta montaña desde el año 1925, advirtió oficialmente que el sostenido deshielo de la región está exponiendo cada vez con mayor frecuencia los cuerpos de expedicionarios extraviados décadas atrás.

​Para las familias de estos dos alpinistas, la montaña finalmente devolvió lo que retuvo durante 34 inviernos, permitiéndoles cerrar un doloroso capítulo de incertidumbre.

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