Al menos 100 personas murieron y decenas siguen desaparecidas tras el colapso de una mina de oro artesanal en Zamboye, República Centroafricana. Un drama que reabre a nivel global el debate sobre la precariedad en la explotación de los recursos.

Las noticias que llegan desde el continente africano causan conmoción a nivel mundial y resuenan de una manera particular en provincias con fuerte tradición minera como la nuestra. En las últimas horas, un devastador alud sepultó un yacimiento de oro en la localidad de Zamboye, al oeste de la República Centroafricana, dejando un saldo catastrófico que, según las primeras estimaciones, ya supera el centenar de víctimas fatales.
El trágico episodio ocurrió cuando una enorme ladera colapsó repentinamente sobre quienes operaban en el lugar, situado cerca de la frontera con Camerún. Según los reportes de las autoridades locales y los servicios de emergencia que trabajan contrarreloj en la zona del desastre, decenas de trabajadores aún permanecen atrapados bajo toneladas de tierra y roca, por lo que el número definitivo de fallecidos podría ser aún mayor.

El costo de la minería no regulada
La catástrofe de Zamboye pone en evidencia las paupérrimas condiciones en las que se desarrolla la minería «artesanal» e ilegal en vastas regiones de África. Allí, empujados por la extrema necesidad, miles de operarios –y a menudo familias enteras– cavan profundos pozos para extraer oro sin apuntalamientos, sin maquinaria adecuada y en ausencia total de medidas de seguridad.
Desde nuestra perspectiva en el norte argentino, donde la actividad minera en la Puna es uno de los principales motores económicos, pero también objeto de permanentes debates ambientales y laborales, este tipo de noticias internacionales funcionan como una cruda advertencia.
Más allá de las distancias geográficas y las abismales diferencias de infraestructura, tragedias de esta magnitud nos recuerdan que la exigencia de controles estatales rigurosos, el cumplimiento estricto de las normativas de seguridad y el respeto por la vida humana deben ser siempre la base innegociable de cualquier actividad extractiva
